Historia

Te Deum Laudamus

Albert BBT
24 March 2022
Te Deum Laudamus

12th-century murals in Vä Church, Sweden, depicting angels and saints holding scrolls with the text of Te Deum.

La iglesia primitiva no estuvo exenta de líderes capaces, pero es un error atribuir a los padres de la  iglesia un papel demasiado grande. A pesar de su papel heróico, el mejor de ellos no estaba libre de  errores teológicos, debido a los efectos persistentes de las filosofías paganas. Del mismo modo, las  diversas herejías trajeron abiertamente al paganismo en la vida misma de la Iglesia, y las prácticas y  creencias paganas abundaron. Que la iglesia primitiva representaba una imagen confusa y una  “multitud de mezclas” es evidente. Pero el hecho es que también estaba allí un núcleo sólido de la  ortodoxia. Hubo una alternativa para el colapso creciente del humanismo, el cristianismo ortodoxo, aún más, no sólo una alternativa, sino la única esperanza del hombre. En contra de los mitos vagos del  paganismo y de la herejía, y las incertidumbres ya estudiadas del humanismo, las realidades fuertes y  ciertas de la fe bíblica fueron una alegre alternativa, incluso de cara a las persecuciones. Un himno de  la iglesia que dio expresión exuberante de la naturaleza triunfante de la fe ortodoxa fue el Te Deum  laudamus. El Te Deum refleja muy claramente la fe del Credo. Es la canción triunfante de la iglesia de  cara a la herejía y a la incredulidad. Este himno hace eco de las batallas contra el gnosticismo, el  arrianismo y otras herejías y celebra la victoria de la ortodoxia y su fe gozosa en el único y trino Dios.

Las raíces del Te Deum están en el himno griego, Gloria patri, y en varios himnos de alabanza. Las  Constituciones Apostólicas (aprox. 357?) contienen elementos del Te Deum.33 El Te Deum se remonta al  Códice Alejandrino de la Biblia, habiendo sido incorporadas cinco líneas de ese texto a una parte del  himno.34 La forma actual del himno probablemente se remonta al siglo IV de nuestra era. 

El texto del Te Deum, tal como aparece en el Libro de Oración Común, es el siguiente: 

A ti, como Dios, te alabamos, 
a ti, Señor, te reconocemos. 
A ti, eterno Padre, 
te venera toda la tierra.

Los ángeles todos, los cielos 
y todas las potestades te honran. 
Los querubines y serafines 
te cantan sin cesar:

Santo, Santo, Santo es el Señor, 
Dios del universo. 
Los cielos y la tierra 
están llenos de tu gloria. 

A ti te ensalza el glorioso coro de los apóstoles, 
la multitud admirable de los profetas, 
la brillante muchedumbre de los mártires.

A ti la Iglesia santa, 
extendida por toda la tierra, te glorifica:
A ti, Padre de inmensa majestad, 
Hijo único y verdadero, digno de adoración, 
Espíritu Santo, el Paraclito (auxiliador, N. del T). 

Tú eres el Rey de la gloria, oh Cristo. 
Tú eres el Hijo único del Padre. 
Tú, al hacerte hombre para salvarnos, 
aceptaste la condición humana sin desdeñar el seno de la Virgen. 

Tú, quebrantando el aguijon de la muerte, 
abriste a los creyentes el Reino de los Cielos. 
Tú estás sentado a la derecha del Padre. 

Creemos que un día has de venir como juez. 
Te rogamos, pues, que vengas en ayuda de tus siervos, 
a quienes redimiste con tu preciosa sangre. 
Haz que en la gloria eterna 
nos asociemos a tus santos. 

Salva a tu pueblo, Señor, 
y bendice tu heredad. 
Sé su pastor 
y ensálzalo eternamente. 

Día tras día te bendecimos 
y alabamos tu nombre para siempre, 
por eternidad de eternidades. 

Dígnate, Señor, en este día 
guardarnos del pecado. 
Ten piedad de nosotros, Señor, 
ten piedad de nosotros. 

Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, 
como lo esperamos de ti. 
En ti, Señor, confié, 
no me veré turbado para siempre. 

Proctor, en su estudio sobre el libro de oración, citó un excelente resumen de los contenidos de este  himno: 

Comber observa que este himno antiguo contiene, – en primer lugar, un acto de alabanza ofrecida  a Dios por nosotros, y por todas las criaturas, así en la tierra como en el cielo. En segundo lugar,   una confesión de fe, declarando: (1) el consentimiento general de lo anterior, (2) las  particularidades de la misma confesión, en relación con cada una de las personas de la Trinidad,  y más ampliamente en relación con el Hijo, en cuanto a su divinidad, su humanidad, y en   particular su encarnación, su muerte, su gloria presente, y su regreso al juicio. En tercer lugar,   una súplica fundamentada en el juicio – (1) por todo su pueblo, para que sean preservados aquí y   salvados en adelante, (2) una súplica por nosotros mismos, que le alabamos a diario, para que   seamos librados del pecado futuro y ser perdonados por lo que ha pasado, porque en Él   confiamos.35 

Este es un resumen excelente y apunta al carácter del himno. El Te Deum canta con el feroz gozo y la  exuberante confianza de la fe ortodoxa en la iglesia primitiva. Varias características importantes son evidentemente claras. En primer lugar, es la fe ortodoxa, que el Te Deum afirma con claridad. La  popularidad del himno era una indicación de las raíces populares de la fe ortodoxa: era la fe de un gran  número de creyentes humildes y sencillos pastores. La vaga incertidumbre del arrianismo y otras  herejías podían apelar a la voluntad humana, a la rebeldía y a los elementos humanistas en la iglesia;  pero para los humildes creyentes, hablar de Dios como la mónada y de Cristo como una emanación era  una tontería insustancial en comparación con las realidades fuertes y claras celebradas por el Te Deum

En segundo lugar, aunque los cristianos eran una minoría dentro y fuera del Imperio Romano, cantaban el Te Deum con la alegre seguridad de que el verdadero creyente está siempre en la gran mayoría en el  universo de Dios: “Toda la tierra te adora … los cielos y todos los poderes en él; … El cielo y la tierra  están llenos de la majestad de tu gloria “El Te Deum hace eco de la fe del Salmo 19:1:”.. Los cielos  cuentan la gloria de Dios, Y el firmamento anuncia la obra de sus manos” Las personas que creen que  la oposición, aunque, arraigada y numérica y políticamente fuerte, no es más que una nube temporal en  el universo de Dios, no se desanimarán fácilmente ni se desviarán en su movimiento constante hacia el  poder y dominio. El enemigo tenía solamente un dios silencioso, el partido ortodoxo tenía el Dios que  se revela. El enemigo tenía el poder de César detrás de él, y los creyentes ortodoxos tenían el poder del  Dios trino detrás de ellos. El Señor de César era su Dios y Salvador. Y este Dios, por haber muerto por ellos, haría aún más y cuidaría de ellos. Por consiguiente, podían cantar con alegría, “Tú eres el Rey de  la Gloria, oh Cristo.” 

En tercer lugar, con esta fe segura, los creyentes ortodoxos podrían hacer de la maravillosa oración  “no me veré turbado,” la culminación del Te Deum. Para los paganos, los dioses y la historia siempre ha dejado defraudados a los hombres. El destino del hombre era triste, y los procesos del universo  frustración, confusión y el hombre avergonzado por la perplejidad, la derrota, la decadencia y la  muerte. Es habitual que los humanistas retraten la antigüedad pagana como una edad de oro, un  momento de alegría y de la autorrealización y de la dignidad humana, este retrato es mitológico. El  hombre pagano sostuvo una perspectiva básicamente pesimista. Era una filosofía de “no se puede  ganar”. El destino determinaba al hombre hacia un fin en última instancia, oscuro y sombrío, y el día a  día del hombre estaba ensombrecido por una vida de hostilidad básica hacia el hombre. No era menos  cierto de los bárbaros que para ellos la vida era básicamente frustrante. Vida Scudder citó un pasaje  revelador de Beda como ilustrativa del mundo diferente del cristianismo: 

 “Porque no es de extrañar”, dijo Beda de S. Cuthbert, “que la criatura debe obedecer los deseos de quien tan fielmente obedeció al gran Autor de todas las criaturas. Pero en su mayor   parte hemos perdido el dominio sobre la creación la cual nos ha sido sometida a nosotros, porque hemos sido negligentes en obedecer al Señor y Creador de todas las cosas.” ¡La creación que nos ha sido sujetada a nosotros! ¡Que extraña ha sonado esta frase incidental en los oídos   paganos!36 

Ser cristiano significa, tal y como lo vio el partido ortodoxo, la restauración del dominio y del reinado de Adán sobre la tierra. Tal fe confiere una confianza magnífica para encarar todas las cosas. Según  Beda, los consejeros del rey Edwin (de Inglaterra. N. del T.) en el año 627 d. C. Lo instaron a la  adopción del cristianismo por la razón pragmática que “contiene algo más seguro” que su paganismo,  por lo que “es justo que merezca seguírsele.”37 No era un pequeño factor en el atractivo del  cristianismo ortodoxo que ofrecía “algo más seguro”, y que ese algo era un evangelio, una buena  noticia, y la palabra de la victoria. La vida tenía un camino de frustración para los hombres, grandes y  pequeños, y una fe que en la oración podía tener confianza contra la frustración era claramente una fe  imponente. 

El Te Deum fue, aquí como en todas partes, lo que refleja claramente la Escritura. El Salmo 22:5 dice:  “Clamaron a ti, y fueron librados: Esperaron en ti, y no fueron avergonzados.” En otro salmo, David  oró: “No sean avergonzados por mi causa los que esperan en ti, oh Señor Jehová de los ejércitos; no  sean confundidos por causa mía los que te buscan, oh Dios de Israel.” (Sal. 69:6). En numerosos  salmos, la turbación de los impíos es expuesta en (Sal. 35:4, 40:14, 70:2, 71:13, 83:17, 97:7). La  seguridad de los creyentes ortodoxos en la oración, “no sea yo turbado,” se basa, además, en la  declaración de Pablo: “Pero Dios ha escogido lo necio del mundo para avergonzar a los sabios; y Dios  ha escogido lo débil del mundo para avergonzar a lo fuerte” (1 Cor. 1:27). La confianza del Te Deum es, pues, firmemente arraigada: Dios no sólo librará a sus escogidos de la turbación, sino que los  utilizará para tubar a los poderes de este mundo. 

En cuarto lugar, el poderoso agente de esta confusión de los impíos es “el Rey de la gloria”, la segunda persona de la Trinidad, Jesucristo. Él es el gran juez y salvador del hombre y su ayuda presente. Él es el encarnado, que vivió todas las cosas que el hombre experimenta, incluyendo “el aguijón de la muerte.” 

El Te Deum, por lo tanto, también es una expresión triunfal del credalismo cristiano ortodoxo. El  Thalia de Arrio había sido cantado por los peones de Alejandría y por otros, y disfrutó de una breve  popularidad, pero sólo como una forma de burlarse de los creyentes ortodoxos. A excepción de su uso  crítico y burlón, no tenía ningún sentido, ciertamente no como un canto de fe. El Te Deum, sin  embargo, es un canto de fe, de fe confiada y triunfante en el Dios trino que gobierna toda la historia.  Las controversias de los credos no eran solamente debates teológicos, cuyo alcance se limitaba a los  intelectuales de la iglesia. El desarrollo y la gran popularidad del Te Deum ilustra la vitalidad de la  Teología del credo en la vida cotidiana de la iglesia primitiva. Esto era a la vez alimentado por las  controversias del credo, y también hizo posible el intelectualismo que subyacía en los padres  ortodoxos. La iglesia que produjo y apoyó a los padres era una iglesia probada en la batalla que cantó la victoria segura en y a través de Cristo Rey: Te Deum laudamus.

33 Apostolic Constitution, 7.26; especially 7.4; 8.5; 8.12; 8.37; in Ante-Nicene Christian Library, vol. 16, 188,
205, 214-15, 230, 248.
34 Schaff, History of the Christian Church, vol. 3, 592n-593n.Schaff, History of the Christian Church, vol. 3, 592n593n.
35 Francis Proctor, A History of the Book of Common Prayer (London: Macmillan, 1875), 225. The reference to
Comber is to Companion to the Temple, vol. 1, 96; Short Discourses upon the Common Prayer, 53.
36 Vida D. Scudder, “Introduction,” to the Venerable Bede, The Ecclesiastical History of the English Nation
(London, England: Dent [Everyman], 1910), xix.
37 Bede, Ecclesiastical History, chap. 13, 91.

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